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Trigueros del Valle
y su fortaleza
Aunque comarcalmente la villa vallisoletana de Trigueros del Valle forma parte de la Campiña del Pisuerga, su vetusto casco urbano se descuelga desde una de las laderas de las estribaciones orientales de los páramos conocidos como Montes Torozos. Es uno de los pueblos más pintorescos de esta comarca, pues conserva algunas de las representaciones arquitectónicas y urbanísticas más características de lo que fueron algunas de estas antiguas villas señoriales.
Cuando nos acerquemos a Trigeros seguro que nos llamará especialmente la atención su imponente Castillo-fortaleza que todavía hoy se sobrepone al casar de la villa, dominándola desde su emplazamiento en la falda del páramo que ampara al lugar. Este castillo conocido popularmente como “la fortaleza” fue reconstruido y ampliado a mediados del siglo XV, conformando sus defensas un recinto exterior cuadrangular amurallado, protegido con torreones cilíndricos a modo de barbacana y otro recinto interior de seis torres comunicadas entre sí mediante una
ronda almenada. Cuatro de estas torres están situadas en los ángulos del castillo y dos más en el centro; una de ellas la mas alta ejercía como torre del homenaje y la otra como acceso a la fortificación, donde todavía pueden verse las armas de los Robles y Guevara. Dentro de este recinto se conserva el gran patio de armas, las caballerizas, así como algunas dependencias subterráneas, como un gran aljibe y algunos pasadizos mina algunos de los cuales han sido posteriormente utilizados como bodegas.
A mediados del siglo XV eran señores de la villa y del castillo Fernando Alfón de Robles (Contador mayor de Juan II) y María de Guevara de donde le viene su nombre. A pesar de las buena defensas con las que contaba este castillo, en la guerra de las Comunidades (1521) el alcázar fue sitiado por las tropas del Obispo Acuña, que ayudadas por los vecinos del pueblo descontentos con los abusos de sus señores llegaron a tomarle, obligando a su rendición a los defensores. En 1992 el castillo de Trigueros del Valle era propiedad de don Ángel Jado Becerro de Bengoa el cual lo donaría a la villa y hoy se encuentra en lento proceso de restauración.
Pero Trigueros del Valle tiene muchas más cosas que mostrarnos. Su amplia y diáfana Plaza Mayor conserva todo el regusto de estas pueblas vallisoletanas, incluido un trinquete con el que se recuerda que el juego de pelota “a mano” fue uno de nuestros más importantes entretenimientos autóctonos. La Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel es una de las joyas del románico terracampino, en ella destaca su bellamente decorada portada abocinada con arquivoltas y su más bello ábside de tambor, adornado con bien esculturados ventanales y columnas entregas.
A todo esto hemos de sumar su acogedor conjunto urbano perfectamente urbanizado, y sobre el cual domina la estampa casi pictórica de la ermita mozárabe de Nuestra Señora de la Virgen del Castillo, patrona del pueblo, con su arco de ingreso se herradura, a la que hacen compañía un buen número de tradicionales palomares y bodegas cueva, que circundan los arrabales del pueblo.
Blog de
Gonzalo Alcalde
Paseo de las lilas Villaviudas (Palencia)
versos
Una de esas noches negras,
resaca de un día gris,
en que mis ojos marrones
brillan sin querer dormir;
compartiendo con la luna
mis locuras en Madrid
hasta pintar sus mejillas
del rojo más carmesí.
(Lágrimas de Eos-Pigmalión)
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14/11/2011 0:00
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LA CONJURA DE LOS NECIOS
Tiene huevos la cosa, y la cosa en cuestión es que empecé a fumar hace cuarenta años, cuando si no hacías la mili o fumabas no eras un “hombre”. Claro queda que soy todo un hombre, pues las dos cosas las hice en exceso, la mili por imperativo legal, quince meses y a beneficio del Estado, y el fumar por imperativo social y a beneficio de Tabacalera, también el Estado.
Hoy, cuando creía que ya lo había visto y oído todo, me veo fumando en la puta calle, amenazado por una insegura situación económica y no teniendo muy claro si me voy a poder llegar a jubilar, palabra que hasta hace poco venía de “jubilo, alegría” y que ahora se ha convertido en “zozobra, inseguridad y desaliento”.
¿Pero que conjura de necios es esta que hoy gobierna nuestro incierto destino?. De donde venimos lo he tenido siempre claro, a donde vamos hoy ya no lo tengo tanto. Por lo pronto en el bar de mi barrio hay un cartel que prohíbe la entrada a perros y fumadores. Lo siguiente será a bebedores, ¡al tiempo¡.