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VILLABELLACO

 

Si decidiésemos visitar este pequeño rincón del norte palentino, al entrar en Villabellaco nos llamará la atención los restos de una antigua casona y su vetusta iglesia de aguda espadaña dedicada a San Pedro, que se planta por encima del caserío del pueblo y en la cual, si hacemos una parada para contemplarla por dentro, veremos unas dignas pinturas murales fechables en el siglo XV.

Su fábrica es de cantería, teniendo su planta distribuida en una sola nave, acompañada de dos pequeñas capillas en el lado del evangelio. Cerca de la cabecera del templo y sobre el tejado, también podemos

contemplar un curioso campanil monolítico de piedra, del cual ha desaparecido la campana y que es igual a otro que se puede ver en el Monasterio de San Andrés del Arroyo. Mucho de lo que en este templo se ve, es de época de transición del románico al gótico, ocurriendo lo mismo con su portada de arquivoltas apuntadas.

Dentro de la iglesia, a parte de las mencionadas pinturas murales, también podemos ver dos retablos del siglo XVIII, junto a un buen Cristo Crucificado del XVII y una mejor cruz parroquial flordelisada con esmaltes del siglo XIV.

Repartidas por el pequeño caserío del pueblo pueden contemplarse algunas buenas representaciones de la arquitectura tradicional de la zona, así como piedras de molino y un par de sarcófagos sepulcrales cerca de la fuente del pueblo, que se transformaron en pilas para el agua, y que mejor estarían recogidos bajo el pórtico de su iglesia.

De este lugar era natural el reconocido escultor palentino Ursicino Martínez “Ursi”, cuyos restos mortales (falleció en el año 2007) descansan hoy en el pequeño cementerio que acompaña a esta iglesia, y cuya casa museo puede visitarse en Aguilar de Campoo.


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Portugal

“el país de los elevadores”

 

           Quien haya viajado sin prisa por el país vecino de Portugal, habrá podido comprobar la especial sensibilidad que en él se tiene por el cuidado y mantenimiento de sus numerosos parques y jardines públicos, pues desde tiempos históricos los arquitectos paisajistas portugueses han sentido una especial devoción por proyectar dentro de estos espacios urbanos o periurbanos, verdaderas obras de arte.

           Otra curiosa obsesión de la que todavía hoy podemos disfrutar al visitar Portugal, es la que se ha tenido por dominar y presentar visuales panorámicas sobre esos paisajes urbanos, a la vez que se facilitaba el acceso a los mismos, por lo que a Portugal hoy puede considerársele como el país con mayor número de elevadores y funiculares de Europa, además de tener algunos de los más antiguos.

           Una forma sencilla de hacerse una idea clara del espacio que ocupa el casco antiguo de Lisboa, es ascender hasta el mirador que nos facilita el conocido elevador (ascensor) de Santa Justa, construido en 1902, y al que hacían compañía los del Chiado y de la Biblioteca, que ya desaparecieron. Pero Lisboa tiene más levadores y teleféricos, algunos con más de cien años de antigüedad y que discurren sobre raíles: Glória, Lavra, Bica, y un funicular, más moderno, que se localiza en el actual Parque das Naçoes (antigua Expo98 de Portugal). Un teleférico parecido, podemos también tomar para visitar el Santuario da Penha, ya en Guimaraes.

           Pero el que sienta pasión por los levadores portugueses no ha de dejar de visitar el que existe en el Santuario de Bom Jesús en Braga, uno de los más antiguo de Europa, pues fue inaugurado en 1882, y con toda seguridad el más ecológico, pues su única fuerza motriz es hidráulica, al utilizar el peso del agua para elevar y desplazar sus vagones por una pronunciada pendiente.

           Otros tres curiosos elevadores más, podremos contemplas y disfrutar al visitar y recorrer el vecino y acogedor país lusitano: el de Nazaré, construido en 1889, el Elevador dos Guindais en Porto (1891), y el del Santuario de Santa Lucía en Viana do Castelo que es el más moderno, pues fue construido en 1923.

MAYORGA

 

           Acurrucada por siglos al regazo del río Cea ve pasar la historia Mayorga, la que hasta no hace mucho tiempo se apellidaba de Campos, pues de esta dilatada comarca castellano leonesa forma parte, y parte importante, pues llego a ser cabecera de condado y mucho antes una de las importantes ciudades vacceas (Maioriga o Meorica) si hemos de cree al historiador romano Ptolomeo. Su término es uno de los de mayor superficie de la provincia de Valladolid y en el viven más de dos millares de habitantes. Pero mucho más poblada estuvo en otras épocas, pues

numerosas eran las parroquias que la villa acogía y mantenía, algunas de las cuales ya han desaparecido y de otras quedan temblorosas ruinas. Mayorga también tuvo allá por el siglo XI aljama judía, que convivió con una importante comunidad mudéjar, única responsable de las imponentes iglesias y torres que de esa época todavía pueden verse y admirarse repartidas por su casco urbano.

           Pasear visitando Mayorga es de lo más cómodo, y para ello un buen punto de partida lo es su espaciosa y porticada Plaza Mayor, donde formando parte de ella se localiza su iglesia parroquial del El Salvador o de la Asunción, que es de fábrica moderna, aunque dentro de ella se acoge uno de los mejores museos de arte sacro de esta parte de la Tierra de Campos, entre cuyas obras de arte sobresale el antiguo retablo de la iglesia de Santa María de Arbás, con veinticuatro pinturas de excepcional calidad atribuidas al Maestro de Palanquinos que pintara a finales del siglo XV.

           Varias iglesias más repartidas por el conjunto urbano de la villa, nos mostraran el importante patrimonio artístico que condensó la historia en Mayorga, a las que hemos de unir su rollo o picota jurisdiccional del siglo XVI, una de las cuatro puertas de su medieval muralla, que fuera edificada en el siglo XV y que se conoce como la puerta del Arco, y el que es - seguramente - el buzón de correos más antiguo de España, pues la piedra que lo acoge conserva la fecha de 1793.

           Hablando de fechas, cualquiera es buena para visitar Mayorga, pero si además queremos conjugar la visita con el disfrute de su calendario festivo, recomendaremos no perderse los Carnavales mayorganos, y sobre todos la calificada como festividad de interés turístico nacional de “El Vitor” (27 de septiembre), donde con una procesión cívica de antorchas confeccionadas con pellejos y pez, se alumbra y recuerda la llegada a la villa en 1737 de las reliquias del Beato Toribio Alfonso de Mogrovejo, hijo que fuera del lugar y que llego a ser arzobispo del Perú.


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Navafría

sus romerías y “el martinete”

           Aunque Navafría se recuesta en plena Sierra de Guadarrama, para instalar la villa sus primeros pobladores buscaron un lugar llano y abundante en aguas, las que bajan de los montes guadarrameños que convierten a sus entornos en unos acogedores parajes naturales dignos de ser disfrutados y paseados: como el Área recreativa de El Chorro con su imponente cascada, el Pozo Verde con su leyenda de los dos amantes rodeados de pinares (Pinar de Navafría), así como el paraje de la Virgen de las Nieves, donde los navafrieños celebran romería el tercer domingo del mes de julio, ocupando las campas de Navalcollado situadas a más de mil setecientos metros de altitud, que ya desde tiempos históricos eran visitadas por los ganados que llegaban a estas altas sierras  del Puerto de Navafría a través de la Cañada Real Soriana.

           Sobre el casar de Navafría, casi oculto por la densa vegetación natural  que le rodea, destaca la torre prismática de su iglesia parroquial de San Lorenzo, edificio sencillo y austero que de tiempos románicos conserva una portada a la cual acompaña otra - ya gótica y cegada - con alfiz decorada con pequeñas esferas. Su planta se reparte en tres naves, en cuya cabecera destaca el retablo mayor con el santo titular y una imagen de San Sebastián, que pertenecía a una ermita ya desaparecida, pero de la que todavía se conserva su festividad (20 de enero), en la que intervienen personales (todos ellos femeninos) conocidos con los nombres de “la quitaverguenzas”, “la capitana”, “la del palillo”, etc.

           Pero Navafría es famoso por “El Martinete”, ingenio ferrero preindustrial (s. XIX) declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León, donde las aguas del río Cega  junto con los grandes desniveles del terreno, proporciona la fuerza motriz, que por un lado mueve un rodezno que a su vez impulsa a un gran martillo pilón (martinete), el cual es capaz de dar más de 150 golpes por minuto sobre el yunque. Dos fueron los “martinetes” que tuvo Navafría, el Martinete “de arriba y el de abajo”, el primero desapareció en la Guerra Civil española, y el segundo es el que todavía se conserva como verdadera joya etnográfica, pues en él los maestros caldereros fabricaban “batiéndose el cobre” calderos, calderas, potes, braseros y calientacamas, entre otro tipo de enseres, que luego eran vendidos por la comarca y fuera de ella.


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