ITERO DEL CASTILLO (Burgos)

             Este acogedor rincón de la más Vieja Castilla se localiza en el extremo occidental de la provincia castellano-leonesa de Burgos, donde esta hace frontera con su vecina de Palencia, por lo que la equidistancia entre ambas es muy parecida (57 kilómetros de Burgos y 45 de Palencia).

             Una gran parte del actual núcleo urbano de Itero del Castillo se instala en una pequeña depresión, por el medio de la cual discurre el Arroyo de Lugar, que desagua en el cercano río Pisuerga. El que fuera su casco histórico más antiguo se localiza en la ladera Sur que desciende del castillo, habiendo llegado a estar encerrado hasta el siglo XVIII dentro de un cerco murado, de cuyo recuerdo todavía veremos pegada al actual edificio de la Casa Consistorial una de sus puertas, conocida como “el Arco”. Conformando ambos edificios la Plaza Mayor del pueblo, característico conjunto arquitectónico que seguramente fue edificado por esa misma época.

             Recorriendo el casco urbano de Itero podremos contemplar excelentes ejemplos de la arquitectura tradicional, con viviendas de dos plantas edificadas - en algunos casos - sobre zócalo de piedra, con muros construidos en adobe o tapial, y revocados con “trulla”; o de ladrillo macizo con entramados de madera, en la más pura tradición mudéjar. A estas construcciones populares se une algún edificio de buen porte, cuyas fachadas ennoblecidas con piedra de sillería y orladas con algún escudo, nos recuerdan que en el lugar tuvo solar durante el siglo XVIII algún representante ennoblecido de la curia eclesiástica.

             La estratégica situación de Itero, próxima al cauce de un río, en conexión con la confluencia de varios caminos entre ellos el “de Santiago”, y a su vez aprovechando una posición preeminente con objeto de controlar su entorno y facilitar la defensa del mismo, hizo que desde época alto medieval (s.X) Itero contara con un baluarte para la defensa y control de la frontera occidental del antiguo Condado de Castilla.

             Del que fuera castillo de Itero, que llegó a tener una amplia cerca amurallada que encerraba una buena parte del pueblo, solo nos ha llegado hasta nuestros días la que pudo ser su “torre del homenaje”, que se instala sobre el cerro conocido como “la mota” a la parte Norte de la villa, y desde la que se domina un amplia vista sobre la vega del río Pisuerga.

             Es el edificio más simbólico de la villa, sobre el que ejercieron señorío los Velasco Condestables de Castilla (s.XV), el conde Haro, el duque de Lerma y el de Pastrana, ya en el siglo XVIII.   

             Este torreón - recientemente restaurado - formaba parte de un conjunto fortificado construido en el siglo XIV, que fue edificado en piedra de sillería de planta cuadrada, al que se accede por una puerta de arco apuntado, aunque conserva otra más pequeña en el primer piso, a la cual se accedía por una estructura de madera, que se podía derribar en caso de sitio de la torre. Hoy su distribución interior se reparte en tres plantas (pudieron haber sido cuatro), cuyas salas tan solo reciben luz a través de estrechas saeteras. Tan solo en el piso superior y en dos de sus fachadas se permite alguna alegría ornamental, al adornarse con una sencillas ventanas geminadas de arquillos apuntados en la fachada Sur, y un amplio ventanal de arcadura en la Norte. De este piso ha desaparecido su zona defensiva, que seguramente estaba guarnecida con almenas y cadalsos de madera, aunque hoy es un excelente mirador sobre el casco urbano de la villa y la inmensidad de los paisajes que la rodean.

                

                 TORQUEMADA (Palencia)

             Es una de las más importantes villas del sureste de la provincia de Palencia, equidistando casi los mismos kilómetros de las de Burgos y Valladolid. Su antiguo núcleo urbano se instala en la margen derecha del río Pisuerga, al que unos metros más arriba se le unen las aguas del río Arlanzón.

La ermita románica de Santa Cruz, hoy en el cementerio, es el templo más antiguo del lugar pues ejerció como parroquia, conservando de época románica su portada de ingreso, la pila bautismal, gran parte de su cabecera y algunos primitivos capiteles.

En esta villa de Torquemada nació (1420), o por lo menos hay bastantes pruebas que lo corroboran, fray Tomas de Torquemada, el que luego sería primer Inquisidor General del Reino y controvertida figura histórica de la época. Entre otras obras civiles, se dice que por mediación de este inquisidor dominico se llevo a cabo la reconstrucción de la iglesia parroquial de Santa Eulalia, y en gran medida, la reedificación del afamado puente de veinticinco ojos que la villa tiene sobre el río Pisuerga.

En las Navidades de 1.506 llegaba a Torquemada para permanecer en ella por cerca de cuatro meses, el cortejo fúnebre que - procedente de Burgos - acompañaba los restos mortales del recién fallecido rey Felipe I "El hermoso" y cuya comitiva presidía su gestante esposa y reina Juana I, que pocos días después (14/1/1507) daría a luz en la villa de Torquemada a la Infanta Catalina, futura reina de Portugal. La mencionada Reina "loca de amor", había organizado esta "comitiva fúnebre nocturna", pues solo se desplazaba por la noche; con el fin de cumplir los deseos de su fallecido esposo, el cual había dispuesto ser enterrado en Granada, por lo que el veinticuatro de diciembre llegaba a Torquemada un carruaje tirado por cuatro caballos de Frisia, que portaba el féretro y al cual escoltaban obispos y altos dignatarios, "rodeados de funeral pompa y de una turba de clérigos entonando el Oficio de Difuntos". Un excelente cuadro de Francisco de Pradilla, hoy en el Museo del Prado, reproduce con excelente realismo lo que pudo ser aquella tétrica escena.

La iglesia parroquial de Santa Eulalia es un diáfano edificio de planta de salón cubierto por imponentes bóvedas, que conserva algunos ventanales del gótico tardío. En su interior destacan varios retablos barrocos y neoclásicos, sobresaliendo de entre ellos, el de la capilla mayor y el de San Roque del siglo XVIII.

                 La actual ermita o santuario de Valdesalce (Fuente Salce), fue poblado, aunque hoy alberga al grandioso santuario mariano de gran devoción en la comarca, cuyas romerías se celebran el día de San Marcos y San Mateo (25 de marzo y 21 de septiembre respectivamente), y a las que asisten numerosos cofrades. La capilla central de esta ermita de Valdesalce, conserva restos de su primitiva iglesia del siglo XIII y su retablo rococó se fecha en el XVIII. De este mismo siglo es la sacristía adosada y donada por el Duque de Medinaceli.             

En la Guerra de a Independencia (1808-1814), la villa de Torquemada debido a su estratégica situación en el Camino Real de Burgos, sufrió muchas y distintas "calamidades". En 1.808, con la ocupación del país por los ejércitos franceses, el pueblo fue saqueado e incendiado como represalia por haber hecho frente sus vecinos al cuerpo de ejército que mandaba el general Lasalle, quedando en ella establecida permanentemente una guarnición para proteger el mencionado Camino Real y el monumental puente que facilitaba el tránsito de los convoyes militares franceses, siempre acosados por la guerrillas cerrateñas. También en esta villa palentina de Torquemada nació el progenitor del que luego sería afamado poeta vallisoletano José Zorrilla y Moral, que pasaría en la villa largas temporadas.

                 En el siglo XIX, la huerta de Torquemada gozaba de reconocida fama, exportando muchos de sus productos hortícolas a los mercados de Valladolid, Burgos y Palencia; todavía hoy los pimientos de Torquemada gozan de aquel reconocimiento y fama. Así mismo, en esta villa cerrateña se trajinaba con vino de excelente calidad que se criaba en el curioso barrio de bodegas-cueva que todavía conserva la villa, donde se pueden admirar cerca de medio millar de ellas.

VILLANUEVA DE HENARES (Palencia)

 

             Es un pequeño lugar que hace frontera con la vecina comunidad autónoma de Cantabria, en los límites de la provincia de Palencia y por lo tanto próximo a la conocida villa galletera de Aguilar de Campo. Dista de esta villa cabecera doce kilómetros, y para acceder a ella - la verdad - es que no lo tendremos muy fácil, pues parece ser que a los ingenieros de caminos que diseñaron la Autovía de Cantabria a la Meseta (A-67) se les olvido que en su costado existía este bello y acogedor  pueblo. Dicho esto, diremos que si queremos visitar Villanueva de Henares, tendremos que aproximarnos a Quintanas de Hormiguera, para desde este pueblo desandar lo andado por la antigua carretera nacional 611, que nos aproximará a la villa.

             La antigua puebla de Villanueva de Henares se situada a 997 metros de altitud, sobre una loma, dominando los diáfanos puertos que comunican los valles del Campo cántabro y castellano. Próximo a la antigua carretera nacional, y dentro de un prado de labor se puede ver un monumento megalítico (menhir), conocido como la "piedra de Sansón", relacionado con los conjuntos megalíticos del valle cántabro de Valdeolea.

             Numerosas son las fuentes dentro de su término (del Gato, Lenteja, Pilas, Salada) una de las cuales descubriremos al aproximarnos al pueblo, convertida en sencilla “fuente picota”, sumida en un acogedor rincón casi oculto entre avellanos. Recorriendo el bien estructurado caserío de la villa, veremos representado en él la importancia histórica que tuvo el lugar, pues se conservan excelentemente rehabilitadas un buen repertorio de casas hidalgas blasonadas (de Los Mayorazgos), torres fuertes (de La Capellanía), un soberbio palacio barroco de noble y monolítico patio porticado denominado "La Casona"; así como admirables ejemplos de arquitectura tradicional construida en excelente cantería, entre los que sobresale una pequeña torre medieval (gótica) que adorna su fachada con canes, y que seguramente es una de las edificaciones civiles más antiguas de la zona.

             Su iglesia parroquial es un edificio del siglo XVI que está dedicado a San Martín, a cuyos pies y al remanso de su torre se localiza uno de los mejores miradores sobre estos altos valles del Campoo palentino, pues en su época debió de tener un pequeño atrio, hoy ya desaparecido, pero del que todavía pueden verse sus cimientos. Esta torre - de tres cuerpos - y gran parte de la fábrica de la iglesia fue volada e incendiada en la guerra “incivil” de 1936, siendo rehecha en 1945. El templo - como otros muchos de esta zona - esta edificado en excelente piedra de cantería, con proporciones armoniosas, sobre cuyos aleros pueden verse algunas sencillas gárgolas con representaciones faunísticas fantásticas, raras de ver en estas iglesias del gótico rural palentino. Su planta se estructura en una sola nave que se divide en dos tramos, que a su vez se cubren con bóvedas de crucería sencilla y estrellada con combados. Se accede al templo por una sencilla puerta con arco de medio punto, remontada con una hornacina avenerada.

             Todo este importante conjunto templario, junto con las excelentes muestras de arquitectura civil y singular que se pueden admirar repartidas por toda la villa, deberían ser suficientes razones para que el lugar fuese declarado “conjunto singular” o Bien de Interés Cultural de la provincia. En el Becerro de las Behetrías de Castilla (s.XIV), el lugar figura con el apelativo de “Villa Nueua de Henares”, por lo que en base a este topónimo, el nombre del pueblo significaría: "el lugar nuevo (repoblado) cerca de los henares (almacenes de hierba)".

La Alhambra de Granada

«Maravilla de maravillas»

 

           Algunos conozco yo, que habiendo estado en Granada no hicieron nada por conocer la Alhambra, el Castillo Rojo «qa'lat al-Hamra'» de los califas nazaríes. Ir a Granada y no visitar la Alhambra, es como subir al cielo y no saludar a Dios, y eso que el poeta ya nos avisaba y decía aquello, «y Dios creó la Alhambra y Granada / para cuando se cansara de su morada».

           De todas formas poco se resentirá Granada de la escasa sensibilidad de algunos de sus visitantes, si la Alhambra junto con la Sagrada Familia de Barcelona siguen siendo uno de los dos monumentos más visitados de España. Por si esto fuera poco, ahora también se quiere que esta joya de la arquitectura hispanomusulmana sea una de las nuevas “siete maravillas del mundo”. Yo no tengo muy claro si la Alhambra necesita estar en esta lista, posiblemente si, aunque para mí el “castillo rojo” de Granada siempre será la «maravilla de las maravillas». Y es que contemplar en cualquier época del año la Alhambra al atardecer/anochecer desde el Albaicín, o visitarla pausadamente en primavera o en otoño, puede ser una de las pocas cosas que cualquier ser racional - medianamente inteligente - no debe de dejar de hacer antes de morirse.

           Casi todo en la vieja ciudad de Granada es bello, pero la Alhambra y el Generalife son maravillosamente mágicos para el deleite de los ojos y del espíritu, no me extraña que el poeta Francisco Alarcón de Icaza exclamara aquello de «dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada».

BELMONTE DE CAMPOS

 

           El término municipal de Belmonte de Campos se localiza en el extremo mas occidental del sur de la provincia de Palencia, ejerciendo de medianero con el de Medina de Rioseco, ya en la provincia de Valladolid. Por él discurre el último tramo del Canal de Castilla en su ramal de Campos, despidiéndose de la provincia de Palencia camino de la ciudad de los Almirantes, punto final de su recorrido.     

           Instalase la villa del “bello monte en Tierra de Campos” casi a orillas del río Anguijón, donde todavía en épocas de estiaje se conforma una húmeda toja, que acoge a un buen número de aves migratorias que aquí hacen la invernada. Un poco apartada del casco urbano del pueblo se localiza la iglesia parroquial de San Pedro, cuya fábrica gótica (s.XIII) ha sufrido importantes reformas ya en época barroca. A la cabecera del templo se ven los restos góticos de la inconclusa capilla funeraria que allí quiso construir la familia de los Manuel señores de la villa, y que no llegó a terminarse. Sobre el conjunto templario destaca la torre prismática de tres cuerpos y su portada de ingreso también gótica, a la que protege un pórtico edificado en 1790. Dentro del templo destaca su retablo mayor rococó con imágenes de San Antonio de Padua, San Pedro, San Francisco Javier y San Bernardo, todas del siglo XVIII. Varios retablos barrocos y neoclásicos más pueden verse en las capillas del Evangelio y de la Epístola, junto con un buen cancel de la misma época. 

           Desde el pórtico de entrada de esta iglesia parroquial de Belmonte, dominaremos una de las mejores imágenes  de la mas bella torre del homenaje del que fuera afamado castillo frontero de Belmonte, uno más, de los que separaban la línea divisoria de los antiguos reinos de Castilla y León.     Su conjunto, del que tan solo queda en pie parte de la barrera, aditamentos del baluarte y la bella torre del homenaje. Fue construido a finales del siglo XV y principios del XVI bajo el dominio de don Juan Manuel de Nájera, señor de Belmonte. Posteriormente, paso a los Manueles y más tarde a los Manrique (Jaime Manuel Manrique de Cárdenas). Posteriormente también lo fue del Conde de Oñate y del Marqués de Montealegre, que así mismo fue señor de la próxima villa vallisoletana del título y de Meneses de Campos. En la actualidad, es monumento Histórico-Artístico.

            La torre y parte del castillo, tuvo varias reformas posteriores, viéndose todavía vestigios góticos, renacentistas y platerescos, habiendo intervenido en algunas de estas restauraciones Juan de Badajoz, maestro cantero que también colaboró en la cantería de la Catedral de León. En el siglo XV, Juan Pacheco uno de los nobles castellanos poseedor de este castillo, mando edificar dentro de él, un pequeño palacio gótico-mudéjar, del que ya no quedan vestigios. La esbelta torre del homenaje, tiene sus cuatro esquinas guarnecidas por cuatro cubos, los cuales conforman otras tantas garitas, desde las cuales y a través de unas curiosas escaleras de caracol, se accede a la parte más alta de las defensas, conformadas por adarves rematados de almenas triples coronadas por bolas. En una de las fachadas, sobrevive un bello balcón plateresco, apoyado sobre una repisa de la misma época.

           Un tanto apartada del pueblo todavía pueden verse los restos de la ermita del Cristo o de Santa Marina, de clara factura románica en origen. Pero con varias ermitas más contó la villa, y todavía se recuerdan las de Santa Agueda, Santa Cruz y el Salvador. Se asegura, que el siglo XVII, Belmonte de Campos llego a tener un buen número de habitantes, viviendo gran parte de ellos de las industrias artesanales de tintorería y curtidos.

 

BECERRIL DE CAMPOS  

 

           Becerril de Campos no me ha sido nunca ni extraño ni ajeno, y a partir de ahora lo será menos, pues mis recientes trabajos me han traído - otra vez - hasta él. He vuelto a disfrutar del entrañable rincón de la plaza de Obispo Ibáñez, de los gorjeos del agua en los caños de la Fuente Nueva. He paseado tranquilamente - como hay que pasear - por los soportales de la plaza, mientras hacía fotos a las sentencias de la fachada del Ayuntamiento; donde hay una que me la aprendí hace años: “en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso”; y como no me tengo por mentiroso diré, para quiera escucharme, que este edificio del Ayuntamiento de Becerril es uno de los edificios institucionales mas bellos de esta tierra, al que tan solo hace un poco de sombra el palacio de los Hierro de Osorno.

           Mis pasos me han llevado por la calle Regalados hasta el corro de los Pastores, y de allí al río, por la calleja del mismo nombre. Me he asomado al canal y he tirado una foto al puente de San Juan, uno de los puentes más bellos del Canal de Castilla junto con el de Valdemudo, también dentro del término de Becerril.

           He vuelto sobre mis pasos por la calle Butrón a la de Santa María, deteniéndome a contemplar el pórtico de esta iglesia-museo, el más bello y airosos de los que existen en iglesia alguna de esta provincia, y donde se acoge uno de los museos de arte sacro más importantes y mejor organizados de Castilla y León. A él se une su catedralicia iglesia parroquial de Santa Eugenia, de ciclópeos pilares, donde las obras de arte adornan con sencillez su grandioso espacio sacro. De las seis parroquias que Becerril tuvo, todavía pueden verse los restos de algunas de ellas, como la gótica de San Miguel, la de San Pedro con su portada románica, o la esbelta y mudéjar torre de San Martín.

           Pero Becerril tiene más que enseñar: su antigua puerta gótica de la muralla, el matadero mudéjar que se apoya en ella, el viejo posito, la casa de la cilla; y ya un poco apartado del casco urbano la Fuente del Humilladero y la ermita del Santo Cristo de San Felices, lugar de devoción popular de los becerrileños, y excelente mirador sobre los despejados paisajes de la Tierra de Campos Palentina.

Donde hoy está una ciudad

seguramente antes hubo un pueblo.

Donde hoy existe un pueblo,

posiblemente dentro de poco

no haya nada...

Otoño en Lisboa

 

           He vuelto a Lisboa. He regresado a la que seguramente - sin desmerecer a Oporto - es la ciudad más bella de la antigua Lusitania, atractivo nombre con el que los romanos bautizaron al acogedor país vecino de Portugal habitado por gentes que nos quieren más que nosotros a ellos; y me refiero a nosotros, a los españoles, seamos de la nacionalidad banderiza que seamos.

           Como la primera vez que la conocí, Lisboa me ha recibido con una cadenciosa y melosa lluvia, una llovizna suave, lenta, casi de fado, para media hora después regalarme un cielo azul tachonado de nubes de algodón. Esta vez lo he conseguido, he encontrado un pequeño hotel en el viejo y céntrico barrio lisboeta de la Baixa, entre el castillo de San Jorge y el Chiado, por lo que he podido pasear, disfrutar y sentir a gusto Lisboa, una las capitales más tranquilas que en Europa existen. Porque a la vieja Lisboa se la puede pasear tranquilamente, como si uno visitase un pueblo grande. Perderse por las laberínticas calles de los barrios de la Alfama, Baixa-Chiado y Bairro Alto, o buscar la amplitud de la Praça do Comercio, de Don Pedro, Da Figueira o Rossio. Cualquier opción es buena. ¿Y cuando te canses?, pues cuando te canses tienes dos opciones o te sientas en una de sus innumerables terrazas de sus igual de numerosas pastelarias o coges un eléctrico, uno de sus coloristas tranvías (carris), que seguro que algunas de sus líneas te acercan a tu punto de destino, mientras, con su suave traqueteo seguirás disfrutando del decadente paisaje urbano de esta acogedora ciudad.

           Sepa el viajero, que para hacerse una idea clara de cómo es la vieja Lisboa hay varios miradores que la dominan, pues no dejara de ser una ciudad  que como la eterna, está construida entre colinas; pero hay sobre todos dos que no debe perderse, el de Santa Lucia cercano al Castillo y el ecléctico y mecánico, conocido como Elevador de San Justa, aunque si quieres disfrutar de algo con sabor totalmente lisboeta, no dejes de utilizar, ya sea para subir o bajar al Chiado, el elevador Da Gloria o el Da Bica.

           Todo esto que yo cuento aquí, no es novedad, ya otros lo han contado, pues Lisboa seduce a todo el que se deja, y con ninguno se queda, pues no es ciudad de un hombre solo, es pública, y por lo tanto universal. Obrigado.


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G.ALCALDE

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